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Tradición y Revolución

Síntesis de la visión de España de Marcelino Menéndez Pelayo.

Síntesis de la visión de España de Marcelino Menéndez Pelayo.

 

  Epílogo escrito por Marcelino Menéndez Pelayo para su monumental obra “Historia de los heterodoxos españoles”, realizado el 7 de Junio de 1882 con el objetivo de sintetizar su visión de la nación española:

 

  ¿Qué se deduce de esta historia? A mi entender, lo siguiente:

 Ni por la naturaleza del suelo que habitamos, ni por la raza, ni por el carácter, parecíamos destinados a formar una gran nación. Sin unidad de clima y producciones, sin unidad de costumbres, sin unidad de culto, sin unidad de ritos, sin unidad de familia, sin conciencia de nuestra hermandad, ni sentimiento de nación, sucumbimos ante Roma, tribu a tribu, ciudad a ciudad, hombre a hombre, lidiando cada cual heroicamente por su cuenta, pero mostrándose impasible ante la ruina de la ciudad limítrofe, o más bien regocijándose de ella. Fuera de algunos rasgos nativos de selvática y feroz independencia, el carácter español no comienza a acentuarse sino bajo la dominación romana. Roma sin anular del todo las viejas costumbres, nos lleva a la unidad legislativa; ata los extremos de nuestro suelo con una red de vías militares; siembra en las mallas de esa red colonias y municipios; reorganiza la propiedad y la familia sobre fundamentos tan robustos, que en lo esencial aún persisten; nos da la unidad de lengua; mezcla la sangre latina con la nuestra; confunde nuestros dioses con los suyos, y pone en los labios de nuestros oradores y de nuestros poetas el rotundo hablar de Marco Tulio y los hexámetros virgilianos. España debe su primer elemento de unidad en la lengua, en el arte, en el derecho, al latinismo, al romanismo.

 Pero faltaba otra unidad más profunda: la unidad de la creencia. Sólo por ella adquiere un pueblo vida propia y conciencia de su fuerza unánime; sólo en ella se legitiman y arraigan sus instituciones; sólo por ella corre la savia de la vida hasta las últimas ramas del tronco social. Sin un mismo Dios, sin un mismo altar, sin unos mismos sacrificios; sin juzgarse todos hijos del mismo Padre y regenerados por un sacramento común; sin ver visible sobre sus cabezas la protección de lo alto; sin sentirla cada día en sus hijos, en su casa, en el circuito de su heredad, en la plaza del municipio nativo; sin creer que este mismo favor del cielo, que vierte el tesoro de la lluvia sobre sus campos, bendice también el lazo jurídico, que él establece con sus hermanos; y consagra, con el óleo de la justicia, la potestad que él delega para el bien de la comunidad; y rodea, con el cíngulo de la fortaleza, al guerrero que lidia contra el enemigo de la fe o el invasor extraño. ¿Qué pueblo habrá grande y fuerte? ¿Qué pueblo osará arrojarse con fe y aliento de juventud al torrente de los siglos?

  Esta unidad se la dio a España el cristianismo. La Iglesia nos educó a sus pechos, con sus mártires y confesores, con sus Padres, con el régimen admirable de sus concilios. Por ella fuimos nación, y gran nación, en vez de muchedumbre de gentes colecticias, nacidas para presa de la tenaz porfía de cualquier vecino codicioso. No elaboraron nuestra unidad el hierro de la conquista ni la sabiduría de los legisladores; la hicieron los dos apóstoles y los siete varones apostólicos; la regaron con su sangre el diácono Lorenzo, los atletas del circo de Tarragona, las vírgenes Eulalia y Engracia, las innumerables legiones de mártires cesaraugustanos; la escribieron en su draconiano código los Padres de Ilíberis; brilló en Nicea y en Sardis sobre la frente de Osio y en Roma sobre la frente de san Dámaso; la cantó Prudencio en versos de hierro celtibérico; triunfó del maniqueísmo y del gnosticismo oriental, del arrianismo de los bárbaros y del donatismo africano; civilizó a los suevos, hizo de los visigodos la primera nación del Occidente; escribió en las Etimologías la primera enciclopedia; inundó de escuelas los atrios de nuestros templos; comenzó a levantar entre los despojos de la antigua doctrina el alcázar de la ciencia escolástica, por manos de Liciniano, de Tajón y de san Isidoro; borró en el Fuego Juzgo la inicua ley de razas; llamó al pueblo a asentir a las deliberaciones conciliares; dio el jugo de sus pechos, que infunden eterna y santa fortaleza, a los restauradores del Norte y a los mártires del Mediodía, a san Eulogio y Álvaro Cordobés, a Pelayo y a Omar-ben-Hafsun; mandó a Teodulfo, a Claudio y a Prudencio a civilizar la Francia carlovingia; dio maestros a Gerberto; amparó bajo el manto prelaticio del arzobispo D. Raimundo y bajo la púrpura del emperador Alfonso VII la ciencia semítico-española... ¿Quién contará todos los beneficios de vida social que a esa unidad debimos, si no hay en España piedra ni monte que no nos hable de ella con la elocuente voz de algún santuario en ruinas? Si en la Edad Media nunca dejamos de considerarnos unos, fue por el sentimiento cristiano, la sola cosa que nos juntaba, a pesar de aberraciones parciales, a pesar de nuestras luchas más que civiles, a pesar de los renegados y de los muladíes. El sentimiento de patria es moderno; no hay patria en aquellos siglos, no la hay en rigor hasta el Renacimiento; pero hay una fe, un bautismo, una grey, un Pastor, una Iglesia, una liturgia, una cruzada eterna, y una legión de santos que combaten por nosotros, desde Causegadia hasta Almería, desde el Muradal hasta la Higuera.

  Dios nos conservó la victoria, y premió el esfuerzo perseverante, dándonos el destino más alto entre todos los destinos de la historia humana: el de completar el planeta, el de borrar los antiguos linderos del mundo. Un ramal de nuestra raza forzó el cabo de las Tormentas, interrumpiendo el sueño secular de Adamastor, y reveló los misterios del sagrado Ganges, trayendo por despojos los aromas de Ceilán y las perlas que adornaban la cuna del sol y el tálamo de la aurora. Y el otro ramal fue a prender en tierra intacta aún de caricias humanas, donde los ríos eran como mares y los montes veneros de plata, y en cuyo hemisferio brillaban estrellas nunca imaginadas por Tolomeo ni por Hiparco.

 ¡Dichosa edad aquélla, de prestigios y maravillas, edad de juventud y de robusta vida! España era o se creía el pueblo de Dios, y cada español, cual otro Josué, sentía en sí fe y aliento bastante para derrocar los muros al son de las trompetas, o para atajar al sol en su carrera. Nada parecía ni resultaba imposible: la fe de aquellos hombres, que parecían guarnecidos de triple lámina de bronce, era la fe que mueve de su lugar las montañas. Por eso en los arcanos de Dios les estaba guardado el hacer sonar la palabra de Cristo en las más bárbaras gentilidades; el hundir en el golfo de Corinto las soberbias naves del tirano de Grecia, y salvar, por ministerio del joven de Austria, la Europa occidental del segundo y postrer amago del islamismo; el romper las huestes luteranas en las marismas bátavas, con la espada en la boca y el agua a la cinta, y el entregar a la Iglesia romana cien pueblos por cada uno que le arrebataba la herejía.

  España, evangelizadora de la mitad del orbe, España, martillo de herejes, luz de Trento, espada de Roma, cuna de san Ignacio...; ésa es nuestra grandeza y nuestra unidad: no tenemos otra. El día en que acabe de perderse, España volverá al cantonalismo de los arévacos y de los vectones, o de los reyes de taifas.

  A este término vamos caminando más o menos apresuradamente, y ciego será quien no lo vea. Dos siglos de incesante y sistemática labor para producir artificialmente la revolución, aquí donde nunca podía ser orgánica, han conseguido, no renovar el modo de ser nacional, sino viciarle, desconcertarle y pervertirle. Todo lo malo, todo lo anárquico, todo lo desbocado de nuestro carácter se conserva ileso, y sale a la superficie, cada día con más pujanza. Todo elemento de fuerza intelectual se pierde en infecunda soledad, o sólo aprovecha para el mal. No nos queda ni ciencia indígena, ni política nacional, ni, a duras penas, arte y literatura propia. Cuanto hacemos es remedo y trasunto débil de lo que en otras partes vemos aclamado. Somos incrédulos por moda y por parecer hombres de mucha fortaleza intelectual. Cuando nos ponemos a racionalistas o a positivistas, lo hacemos pésimamente, sin originalidad alguna, como no sea en lo estrafalario y en lo grotesco. No hay doctrina que arraigue aquí: todas nacen y mueren entre cuatro paredes, sin más efecto que avivar estériles y enervadoras vanidades, y servir de pábulo a dos o tres discusiones pedantescas. Con la continua propaganda irreligiosa, el espíritu católico, vivo aún en la muchedumbre de los campos, ha ido desfalleciendo en las ciudades; y aunque no sean muchos los librepensadores españoles, bien puede afirmarse de ellos que son de la peor casta de impíos que se conocen en el mundo, porque, a no estar dementado como los sofistas de cátedra, el español que ha dejado de ser católico, es incapaz de creer en cosa ninguna, como no sea en la omnipotencia de un cierto sentido común y práctico, las más veces burdo, egoísta y groserísimo. De esta escuela utilitaria suelen salir los aventureros políticos y económicos, los arbitristas y regeneradores de la Hacienda, y los salteadores literarios de la baja prensa, que, en España, como en todas partes, es un cenagal fétido y pestilente. Sólo algún aumento de riqueza, algún adelanto material, nos indica a veces que estamos en Europa, y que seguimos, aunque a remolque, el movimiento general.

  No sigamos en estas amargas reflexiones. Contribuir a desalentar a su madre, es ciertamente obra impía, en que yo no pondré las manos. ¿Será cierto, como algunos benévolamente afirman, que la masa de nuestro pueblo está sana, y que sólo la hez es la que sale a la superficie? ¡Ojalá sea verdad! Por mi parte, prefiero creerlo, sin escudriñarlo mucho. Los esfuerzos de nuestras guerras civiles no prueban, ciertamente, falta de virilidad en la raza; lo futuro, ¿quién lo sabe? No suelen venir dos siglos de oro sobre una misma nación; pero mientras sus elementos esenciales permanezcan los mismos, por lo menos en las últimas esferas sociales; mientras sea capaz de creer, amar y esperar; mientras su espíritu no se aridezca de tal modo que rechace el rocío de los cielos; mientras guarde alguna memoria de lo antiguo, y se contemple solidaria con las generaciones que la precedieron, aún puede esperarse su regeneración; aún puede esperarse que, juntas las almas por la caridad, torne a brillar para España la gloria del Señor, y acudan las gentes a su lumbre y los pueblos al resplandor de su Oriente.

  El cielo apresure tan felices días. Y entretanto, sin escarnio, sin baldón ni menosprecio de nuestra madre, dígale toda la verdad el que se sienta con alientos para ello. Yo, a falta de grandezas que admirar en lo presente, he tomado sobre mis flacos hombros la deslucida tarea de testamentario de nuestra antigua cultura. En este libro he ido quitando las espinas; no será maravilla que de su contacto se me haya pegado alguna aspereza. He escrito en medio de la contradicción y de la lucha, no de otro modo que los obreros de Jerusalén, en tiempo de Nehemías, levantaban las paredes del templo, con la espada en una mano y el martillo en la otra, defendiéndose de los comarcanos que sin cesar los embestían. Dura ley es, pero inevitable en España, y todo el que escriba conforme al dictado de su conciencia, ha de pasar por ella, aunque en el fondo abomine, como yo, este hórrido tumulto, y vuelva los ojos con amor a aquellos serenos templos de la antigua sabiduría, cantados por Lucrecio:

Edita doctrina sapientum templa serena!

M. MENÉNDEZ PELAYO

El Yihad.

El Yihad.

 

  La palabra “Yihad”se refiere a un concepto cuya interpretación ha sido muy discutida a lo largo de la historia, ya que mientras que para algunos estudiosos del Corán este nombre se refiere al concepto “esfuerzo”, para otros el significado es el de “guerra”.

  La discusión acerca de esta cuestión encuentra su raíz en la propia estructura del libro sagrado de los musulmanes, caracterizado por carecer tanto de vocales como de signos diacríticos; provocando de este modo que el significante cuyo significado estamos analizando presente el siguiente aspecto: YHD.

  Además, es importante tener en cuenta la propia organización del Corán. Se trata de un libro compuesto por 140 suras o capítulos, dispuestos siguiendo unos criterios no de carácter temático o tan siquiera cronológico, sino de extensión: las suras más largas se ubican al principio y las más cortas al final. En consecuencia, los distintos versos que nombran la palabra yihad no forman un mismo bloque, sino que se encuentran distribuidos a lo largo de todo el libro de manera aislado, lo cual puede producir ambigüedades en su estudio.

  Finalmente, ha de tenerse en cuenta la dicotomía existente en el seno del mismo concepto de “Yihad”. Esto es, el Muyadid (el sujeto que asume el concepto de yihad, pudiendo traducirse como “el guerrero” o “el que se esfuerza”) distingue entre “el Yihad”, o “Yihad Mayor”; y “la Yihad” o “Yihad Menor”. Mientras que el primer concepto se refiere a una acción proyectada sobre el propio individuo, el segundo se refiere a la acción desarrollada sobre otra persona. Sobre este aspecto es importante tener en cuenta la frase pronunciada por Mahoma al retornar de una lucha contra los denominados por él infieles: “hemos vuelto de la yihad menor para librar la yihad mayor”.

  Aunque a algunas personas pueda parecerles que este tema es irrelevante o anecdótico, se trata de una cuestión de vital importancia, pues ha de tenerse en cuenta la confluencia entre dos importantes vectores. Por un lado, el profeta Mahoma transmitió a la comunidad religiosa que acababa de crear, la obligación de difundir el Islam y, por otro, el libro sagrado islámico afirma la siguiente sentencia: “No hemos descuidado nada en la escritura”. Por lo tanto, es importante conocer qué es aquello ordenado por el falso profeta: matar al infiel o “esforzarse” por su conversión.

  Quienes han defendido la segunda interpretación, argumentan su postura diciendo que Mahoma permitió a las “gentes del libro” (judíos y cristianos) mantener sus respectivas religiones en aquellos lugares sometidos, como en el caso de los mozárabes españoles. Sin embargo, esto es atribuido por muchos historiadores a la necesidad de financiar el imperialismo árabe, ya que quienes no se convertían al Islam debían aportar diversos impuestos a las autoridades moras.

  Otro importante argumento en contra del supuesto pacifismo del Islam se encuentra en la propia esencia del método empleado, desde sus inicios, para extenderse: la guerra.

  Ya en el año 624 Mahoma condujo personalmente a un grupo de bandidos al asalto de una caravana que se dirigía hacia La Meca y, en ese mismo año, concretamente el día 15 de Marzo, derrotó a los judíos de Medina en la batalla de Badr, conquistando de esta manera la citada ciudad y formando en su seno un estado teocrático. Desde este lugar se iniciarían una serie de campañas que ampliarían los dominios musulmanes de manera considerable, llegando hasta Francia en el año 732.

  También es importante tener en cuenta que la primera “Fitna” o división entre los moros, en este caso suníes y chiítas, se produjo a raíz de la victoria de los primeros sobre los segundos en la batalla de Siffin en el 661. Además, la facción vencedora fue aquella que consideraba que el sucesor del falso profeta había de ser no un familiar de Mahoma, sino un califa eficiente, es decir, un jefe político. Esto es importante para comprender el carácter violento de la predicación islámica, pues, según su cosmovisión, no es un clero misionero el encargado de extender la religión islámica, sino que es la autoridad política la que, por medio del sometimiento (palabra que por cierto es el significado de “Islam”) asume la misión de llevar a cabo esta acción.

  Es decir, la larga trayectoria del Islam se encuentra plagada de ejemplos que demuestran que la acción guerrera ha constituido históricamente el medio que esta religión ha empleado para “predicar” su doctrina. Por lo tanto, esto demuestra que la interpretación de Yihad como “guerra” ha tenido más peso entre los seguidores de esta secta religiosa que la interpretación de este concepto como simple “esfuerzo”.

  Sin embargo, el concepto islámico de “guerra” ha sufrido una importante transformación en el último siglo, ya que ciertos sectores del Islam han dejado de considerar a la actividad bélica “Fard quifayah”. Este concepto se refiere a aquellos deberes que los musulmanes poseen de forma colectiva, como ha sido siempre considerada la guerra por parte de la Sunna o tradición; y se opone al de “Fard ayn” o deber individual (por ejemplo, la oración diaria o la peregrinación a La Meca).

  Esto es, el importante cambio al que nos acabamos de referir se encuentra en el cambio de paradigma que ha llevado a muchos musulmanes a considerar a la guerra como un deber individual, lo cual se ha traducido en el surgimiento de una mentalidad terrorista en el seno de los yihadíes.

  Por lo tanto, sus acciones son llevadas a cabo de manera autónoma y no colectiva, de modo que, al no existir ejércitos de millares de soldados moros, es muy difícil la lucha contra estos personajes.

  Pero además de todo lo mencionado anteriormente, la nueva cosmovisión de la Yihad cuenta en su base un importante razonamiento intelectual y teológico que lo justifica, al cual nos referiremos a continuación.

  Podemos considerar que el padre intelectual del terrorismo islámico fue el egipcio Sayid Qutb, un personaje nacido en 1906 y que gozó de una sólida formación académica en Estados Unidos, desarrollando una extensa obra literaria que incluye una interpretación del Corán de 30 volúmenes y el famoso libro “Signos del camino”.

  En estas creaciones literarias plasma una doctrina que mantiene las clásicas interpretaciones de los conceptos de “Sharia” como “Ley” y de “Yihad” como “Guerra”; pero introduce una nueva concepción del término“Jahiliyah”. Esta palabra se refería tradicionalmente al término de “ignorancia”, en el que supuestamente se encontraban los hombres antes de la revelación de Mahoma, pero Qutb amplió el significado de “Jahiliyah” haciendo referencia con él al concepto de “apóstata”que aplicó a los Estados musulmanes

  El argumento que aportó este ideólogo musulmán para condenar a los gobiernos musulmanes fue el de que, según él, se encontraban en una situación antirreligiosa, ya que consideraba que la Sharia, por el hecho de haber sido revelada por Alá, debía de ser la única ley válida, considerando de este modo a cualquier legislación humana como anti-coránica. Es decir, Qutb aseguraba que los hombres no pueden legislar porque Dios es el único con derecho a hacerlo.

  En consecuencia, este personaje proponía un salacismo, esto es, una vuelta a los orígenes “puros” del Islam, que liberara al hombre de la opresión apóstata. Para ello, consideraba imprescindible la destrucción del Estado islámico (razón por la cual se le ha tachado de anarquista), por lo cual fue ejecutado por el gobierno de Nasser en 1966.

  Esta doctrina terrorista fue desarrollada por otro importante “intelectual” yihadista: Salam Faraj. Su teoría, plasmada en el libro “El deber olvidado”, distingue entre dos tipos de enemigos, los “cercanos” y los “lejanos”. Los segundos somos los cristianos y también los judíos y ateos, mientras que los primeros son los musulmanes apóstatas. Puesto que el castigo por renegar de la Fe musulmana es la pena de muerte, Faraj asegura que es necesario destruir al Sistema político. Además, puesto que, tal y como hemos indicado antes, la Guerra es considerada por estas personas como un deber individual, la decisión de ser muyadid es personal. En consecuencia, Salam dice que una persona jóven puede hacerse terrorista sin necesidad de comunicárselo a sus padres y conocidos, lo cual es una referencia ampliamente empleada por los terroristas yihadies.

  Otro importante ideólogo del terrorismo islámico es Ayman Al Zawahiri, un personaje considerado como el mayor intelectual del grupo terrorista Al-Qaeda. En su libro “Caballeros bajo el Estandarte del Profeta” asegura que los terroristas han entendido mal el concepto de Yihad, pues su proyección se realiza sobre naciones no islámicas como Israel, Rusia y Estados Unidos. Según él, debe conquistarse primero el poder en las naciones apóstatas islámicas, para formar un Estado islámico desde el cual iniciar la postrera conquista del mundo.

  Como conclusión de este breve comentario podemos asegurar que el terrorismo islámico es una nueva modalidad de guerra que cuenta con una justificación práctica y también teórica. Es decir, se trata de una acción bélica eficiente, pues es muy difícil la lucha contra ella y parece causar mucho daño a Occidente. Pero también es una realidad que, tal y como hemos desarrollado anteriormente, proviene de una larga tradición de violencia y lucha que encuentra sus inicios en el nacimiento de la secta islámica, esto es, su justificación se ubica en la propia esencia del Islam.

  Por ello, aunque parezca imposible, el terrorismo islámico goza de una importante simpatía por parte de los musulmanes: solamente en España es apoyada por el 16% de los moros (recordemos con respecto a esto las recientes declaraciones del ex ministro jordano Ali Al-Faqir llamando a la conquista de Ál-Andalus), aunque este porcentaje es bajo comparado con el de Nigeria, donde es de un 44%.

  Esto puede hacernos comprender la razón por la que el asesino Bin Ladem es considerado por muchos jóvenes musulmanes como un “Che a la mora”. Se debe a que, al igual que el citado comunista, se trata de un genocida que lucha contra el Sistema capitalista, pero dándole a esto una dimensión religiosa, lo cual provoca que se le considere un líder religioso y que quienes le siguen sean admirados como mártires.

Evolución histórica del plano de Madrid.

Evolución histórica del plano de Madrid.

 

  Los inicios de la existencia de Madrid se remontan al siglo IX, cuando el Emir Cordobés Muhammad I (850-866) ordenó la construcción de un baluarte defensivo en la orilla izquierda del río Manzanares con el objetivo de gozar de un bastión fronterizo que defendiera la importante ciudad de Toledo, y que garantizara un punto de partida efectivo para las incursiones dirigidas hacia tierras cristianas. El Acázar, ubicado sobre el barranco de la actual calle Segovia, se encontraba al norte de los barrios mozárabe y judío, que pasarían a ser morería y judería después de la reconquista cristiana.

  Debido a la presencia del río Manzanares, la urbanización se extendió hacia el este. La morfología urbana se caracterizaba por una disposición irregular de las calles; aunque estas se ubicaban en torno a diversos ejes que partían radialmente desde el centro de la ciudad hasta las diversas puertas de acceso a la misma: al norte, la Puerta de Valnadú; al noroeste, la de Guadalajara; en el suroeste, la Puerta Cerrada; en el sur la Puerta de los Moros.

  Por su parte, el arrabal se ubicaba en la actual Plaza Mayor con el aspecto típico que presentan los mercados del mundo árabe: dotada de un cierre rectangular que techaba las calles.

  Después de que, con el objetivo de consolidad el avance hacia Toledo, Alfonso VI conquistara la ciudad en 1085; se producen importantes cambios en la morfología de la misma. En primer lugar, los musulmanes fueron relegados a la morería; mientras que los repobladores cristianos y los antiguos mozárabes organizaron sus viviendas en torno a collaciones o distritos urbanos parroquiales.

  Además, debido a las incursiones musulmanas (de las cuales un ejemplo es el sitio almorávide de 1117) las autoridades decidieron dotar a la ciudad de una segunda muralla que protegiera los arrabales de extramuros.

  Sin embargo, después de la batalla de las Navas de Tolosa (1212); el antiguo peligro al que estaba sometida la ciudad de Madrid desapareció. A esta nueva situación pacífica se unieron hechos como la adquisición de un Fuero en 1202, su elección como lugar para reunir las cortes castellanas y la atracción de la realeza debido a la abundancia de caza en lugares como el periférico Monte del Pardo.

  Debido a todo esto se produjo un importante desarrollo en nuestra ciudad, que pasó a tener, en el siglo XV, una superficie de 72 hectáreas y unos 120000 habitantes; frente a las 33 hectáreas del siglo XII. También se construyeron nuevos arrabales en las zonas de extramuros; y proliferaron los conventos, hospitales y palacios.

  Desde el inicio de la Edad Moderna en el siglo XV, se produjo un importante cambio en el concepto urbanístico; el cual, basado en los ideales renacentistas, encontraba su ideal de perfección en la simetría y el orden.

  Para facilitar el tránsito, se construyeron plazas regulares y abiertas, y también calles rectas y amplias. Además, en 1561 Felipe II ordenó a Francisco de Salamanca construir una Plaza Mayor en la ciudad que había transformado ya en la capital de España. Esta construcción, realizada sobre la antigua plaza medieval que un incendió había destruido, constaba de una planta rectangular y estaba rodeada por soportales sobre los que se deponían tres pisos con balcones.

  El traslado de la Corte real a Madrid significó la construcción de numerosos palacios nobiliarios ubicados en zonas cercanas al Alcázar real.

  Más tarde, el primer rey de la dinastía de los Borbones, Felipe V, inició la construcción del actual Palacio Real para sustituir al Alcázar de los Austrias, que había sido destruido por un incendio. La construcción fue realizada entre 1738 y 1764 por Juvara y Sachetti, siguiendo el modelo neoclásico e imitando al palacio de Versalles, símbolo de la monarquía absoluta que la nueva dinastía trajo a España.

  También es obra de esta dinastía la creación de importantes construcciones realizadas con el objetivo de mejorar la estructura de la urbe, tales como el Paseo del Prado, el Retiro

  Más tarde, a finales del siglo XVIII y en el XIX se produjeron importantes cambios en el plano urbano de Madrid. Las raíces de esto se encuentran en el nuevo concepto de ciudad que impondrá la desde entonces poderosa burguesía y en el importantísimo crecimiento experimentado por Madrid como consecuencia, por un lado, de la inmigración rural y, por otro, de las mejoras técnicas, económicas y sociales.

  Entre las reformas de esta época, cabe destacar la remodelación del casco histórico, que en la Guerra de Independencia (1808-1814) había sufrido importantes destrozos. Fue a raíz de la desamortización eclesiástica decretada por Mendizábal en 1836 cuando se produjo el derribo de numerosas iglesias y conventos con el objetivo de abrir plazas y calles anchas. Además, debido a las nuevas necesidades residenciales de la burguesía, se procedió a la alineación y ensanchamiento de las calles, reformándose lugares como la Plaza de Oriente (1844-1850) y la Puerta del Sol (1856); y también a la construcción de la Gran Vía con el objetivo de cruzar el casco antiguo.

  La segunda aportación a la morfología de Madrid datada en esta época se encuentra en la construcción del Ensanche, es decir, la ampliación de la ciudad para construir barrios obreros, zonas industriales, estaciones de ferrocarril y demás elementos propios de la Revolución Industrial; además de viviendas burguesas. Fue proyectado por Carlos María de Castro en 1860 y localizado en el norte, en el distrito de Salamanca. Se caracteriza por un aspecto racionalizado, con calles de trazado ortogonal y bien distribuidas.

  El desarrollo de los transportes permitió a Arturo Soria la construcción de la Ciudad Lineal, caracterizada por disponer de una amplia calle central flanqueada por viviendas unifamiliares dotadas de huerto y jardín. De este modo, este arquitecto materializó el concepto de “ciudad verde” propio de época, que consideraba importante la presencia de la naturaleza en un entorno deshumanizado por la Revolución Industrial.

  Finalmente, en la segunda mitad del siglo XX se produjeron importantes cambios en la morfología de Madrid. La aglomeración urbana provocada por el crecimiento de la población, el desarrollo de los transportes y la expansión de la industria, dieron lugar a que se crearan nuevos ensanches de carácter irregular y tendentes a aglomerar en el interior de la urbe a poblaciones periféricas. Este es el caso de zonas residenciales como Fuencarral (en el norte), Hortaleza (en el este), Vallecas (al sureste), y Carabanchel (en el sur).

  Por su parte, la industria tradicional tendió a ocupar el área sur, junto al Manzanares, mientras que los nuevos parques industriales hacían lo propio en los sectores norteños. En cuanto a los equipamientos de ocio o servicios, como centros comerciales, colegios, universidades y hospitales, desde los años 80 su edificación se ha localizado en la periferia urbana como consecuencia del encarecimiento del suelo.

Encuesta futurista.

Encuesta futurista.

 Los musulmanes han demostrado a lo largo de la historia ser una secta incompatible con España. No se integraron en nuestra cultura durante todos los siglos que tuvimos que padercer su presencia en el seno de nuestra patria, ni tampoco demuestran adaptarse a nuestra cultura en la actualidad.

 Mientras que la democracia promueve entre los españoles un modelo de vida que considera opresor e indigno el participar de la acción creadora de Dios, esto es, el formar familias; los seguidores del falso profeta siguen aquella frase pronunciada por el ayatolá Jomeinin que dice  "Mi mayor arma es el útero de mis mujeres". Por ello, sin no lo remediamos, dentro de poco será perfectamente posible el encontrarnos ante una encuesta como la siguiente:

 Pregunta: ¿Piensa Ud. que hay demasiados extranjeros en España?

 Respuesta:

 20%: SI
 10%: NO
 70%:
معهد الأمن العالمي بواشنطن

 

El Crismón.

El Crismón.

  Este símbolo representa el anagrama de Cristo, y está formado por la superposición de varias letras que han cambiado a lo largo de la historia.

  En un principio, cuando las primeras comunidades cristianas comenzaron a emplear este signo, su morfología consistía en la superposición de una X (ji) y una I (iota); representando de este modo a las dos iniciales de Iesus Christos.

  Posteriormente, el anagrama de Cristo sufrió una transformación: la sustitución de la I por una P (ro); representando de este modo la abreviatura del nombre de Cristo, XP (ΙΣΤΟΣ), a través de las dos primeras letras de este nombre.

  Este segundo modelo de Crismón ha sido empleado desde la época de Constantino, según la tradición cristiana desde después de que un ángel se lo mostrara a este emperador durante un sueño que tuvo en las vísperas del enfrentamiento con Magencio. Según el narrador Eusebio, el ángel le dijo al Emperador “in hoc signo vinces” (“con este signo vencerás”) mientras le mostraba este anagrama; y al día siguiente, después de sustituir los estandartes paganos por el Crismón, obtuvo una gran victoria sobre su adversario el la batalla del Puente Milvio (28 de Octubre de 312).

  El anagrama de Cristo también suele ir acompañado por las letras griegas alfa y omega, es decir, la primera y la última de este alfabeto. Con esto se hace referencia a la sentencia pronunciada por Jesucristo en Apocalipsis 22,13: “Yo soy el alfa y el omega”; haciendo referencia a su condición de ser el origen y el destino de la humanidad. Esto se empleó con la llamada “Cruz de la gloria eterna”, consistente en una cruz latina con las dos letras griegas a derecha e izquierda.

  La última evolución del anagrama de Cristo consistió en la superposición de los dos modelos anteriores, el de Constantino y la cruz latina con el alfa y omega, resultando de este modo el símbolo que aparece en la cabecera del texto.

  Por último, el Crismón también suele ir acompañado de un círculo que lo enmarca. Con esto se hace referencia a la condición divina de Cristo, ya que la esfera es un elemento que carece de principio y de fin, y que por tanto es eterna.

 

Exhortos guerreros.

Exhortos guerreros.

 

 Copio una pequeña recopilación de exhortos de guerra, la mayoría de ellos reunidos en el foro Sto Tomás moro ( http://aspa.mforos.com ):

  • Alfonso VIII, al inicio de la batalla de las Navas de Tolosa (16 de Julio de 1212) para invocar al patrón de España en un momento en el que los cuatro reyes de nuestra patria se unieron para derrotar a los invasores almohades:

 “¡Santiago, y cierra, España!”

  • Grito de los intrépidos almogávares:

       “Aur!, ¡aur!, ¡desperta ferro!”

       "Sant Jordi, Sant Jordi, desperta ferro”.

  • Hernán Cortés, cuando se enfadaba:

       "¡Me vais a soñar, hijos de ····!”

  • Don Juan de Austria, en la batalla de Lepanto ( 7 de Octubre de 1571):

· Arenga anterior al combate:

“Este es el día en que la Cristiandad debe mostrar su poder, para aniquilar esta secta maldita y obtener una victoria sin precedentes... Es por voluntad de Dios que estáis aquí, para castigar el furor y la maldad de esos perros bárbaros, todos cuiden de cumplir con su deber. Poned vuestra esperanza únicamente en el Dios de los ejércitos, que reina y gobierna el universo”. A otros decía: “Recordad que vais a combatir por la Fé; ningún débil ganará el Cielo”.

· Grito de asalto:

victoria, victoria, viva Cristo”.

· Después de la victoria:

Non virtus, non arma, non duces, sed Maria Rosarii Victores nos fecit”;

(“Ni las tropas, ni las armas, ni los comandantes, sino la Virgen María del Rosario es la que nos dio la victoria”).

  • Del capitán Gonzalo de Lastra, al avanzar sobre las líneas rojas de Somosierra durante el alba del día de Santiago de 1936.

       "¡A por ellos cabrones. Y al que le den que se joda!"

  • Ángel Ribera, el ángel del Alcázar:

 "¡Tirad, pero tirad sin odio!"

  • Blas Piñar, el 20 de Noviembre de 1979 en la Plaza de Oriente:

       "Adelante españoles! Sin miedo a nada ni a nadie! Por la Fe y por la Patria! Las banderas en alto! Viva Cristo Rey! Arriba España! Adelante España".

  • Los comandos argentinos en la guerra de las Malvinas (1982), mientras rezan el rosario:

 “Suspender el Rosario. Blanco a la vista. ¡Viva la Patria!

¡Dios y Patria!
¡O muerte!”.

  • Henri du Vergier, Conde de La Rochejaquelein,duante la sublevación de La Vendée :

                               “¡Amigos míos, Si avanzo, síganme, si me repliego, mátenme y si me matan, vénguenme!”.

  • Don Quijote, II 34:

       “Aquí esperaré, intrépido y fuerte, si me viniese a embestir todo el infierno”.

  • Palabras de Judas Macabeo antes de una batalla contra los apóstatas (Mac, 3 58-60):

· “Preparaos, sed valientes, más vale morir en la guerra que ver los males de nuestro Pueblo y nuestro santuario.”

· "La victoria no depende del número de nuestros soldados, pues la fuerza viene del cielo. Ellos vienen a atacarnos llenos de insolencia e impiedad, para aniquilarnos y saquearnos... mientras que nosotros peleamos por nuestra vida y nuestra religión. El Señor los aplastará ante nosotros. No los temáis"

  • Cornelio Zelea Codreanu, fundador de la Legión de San Miguel Arcángel:

       "Marchar sin Fe no podemos, porque es la Fe la que nos ha dado todo nuestro empuje en la lucha... Antes que nuestros cuerpos se consuman y se agoten                 nuestra sangre, es preferible morir en los montes peleando por nuestra Fe".

  • Oración pronunciada por los vikingos:

                “He aquí que allí veo a mi padre.

                 Allí veo a mi madre ,

                 a mis hermanas y hermanos.

                 Allí veo el linaje de mi pueblo,

                 hasta sus orígenes.

                  He aquí que me llaman.

                  Me piden que ocupe mi lugar

                  entre ellos en los atrios de Valhalla,

                   Donde los valientes viven para siempre”.

  • Palabras de Wiliam Walace en la película “Braveheart:

       "Luchad y puede que muráis...huid y viviréis, un tiempo al menos...Y al morir en vuestro lecho, dentro de muchos años, no estaréis dispuestos a cambiar, todos         los días desde hoy hasta entnoces, por una oportunidad, SÓLO UNA OPORTUNIDAD, de venir aquí a matar a nuestros enemigos?? Puede que nos quiten la vida,          pero jamás nos quitarán la libertad!!!!"

  • Palabras pronunciadas por las madres espartanas al despedir a sus hijos y mientras les mostraban sus escudo:

       “Vuelve con él o sobre él”

  • Verso de Horacio:

 “Dulce et decorum est pro patria mori“ (Dulce y honorable es morir por la patria)

  • Grito del Duque de Alba :

       “¡Deo patrum nostrum!” (¡Por el Dios de nuestros padres!).

  • Palabras de un Ángel a Constantino antes de la batalla del Puente Milvio ( 28 de Octubre de 312), mostrándole una cruz:

 “In hoc signo vinces” (Con este signo vencerás).

  • Poesía de Eduardo Marquina:

 “¡Por España, y el que quiera

  defenderla, honrado muera;

   y el que, traidor, la abandone,

   no tenga quien le perdone,

   ni en tierra santa cobijo,

   ni una cruz en sus despojos,

   ni las manos de un buen hijo

   para cerrarle los ojos!”.

 

Sobre las reacciones ante la situación del Tíbet.

Sobre las reacciones ante la situación del Tíbet.

 

 Desde que en Marzo de este año se iniciaran en el Tíbet una serie de revueltas espontáneas contra la ocupación de este país por parte de China; estamos viendo como se extiende entre nuestra sociedad un generalizdo sentimiento "antichino". Se acusa a esta nación de opresora, violadora de los derechos humanos, antidemocrática...; pero no se menciona una sola palabra acerca de la causa que hace a China merecedora de todos estos calificativos: su condición de dictadura comunista.

 Continuamente estoy viendo en mi Universiad pancartas de apoyo al Tíbet, pero hasta esta mañana no había visto ninguna que me provocara ganas de reirme de quienes la han hecho. El motivo de esto no ha sido otro más que el de comprobar que dicho cartel estaba firmado por una organización de extrema izquierda formada por personajes que llevan en su pecho fotos del Che, hoces y martillos, las palabrotas "Soziedad alcoholica" y demás símbolos satánicos.

 De sobra es por todos conocido que las personas de extrema izquierda no paran de hablar de libertad, justicia, derechos humanos...; pero mucho menos conocido por la mayoría de la gente es que por causa de personas como éstas han muerto 1000000 de personas en el pasado siglo, y que entre estos millones de mártires una gran cantidad son los que han sido asesinados por China.

 ¿Por qué en los medios de comunicación se calla que cuando el Tíbet fue atacado el 7 de Octubre de 1950 por China, esta nación era ya una dictadura marxista? ¿Por qué no se hacen manifestaciones para denunciar el Lagoai, la red de campos de concentración chinos? ¿Por qué Sarcozy anuncia boicotear a esta dictadura mientras no respete los derechos de los lamas tibetanos pero no hace nada para liberar a la Iglesia Católica del "cesareopapismo" a la que está sometida? ¿Por qué nadie sabe que los machetes empleados por hutus y tutsis en la terrible guerra civil que asoló Uganda hace unas décadas fueron suministrados por China? ¿Por qué los demócratas permiten que en nuestrro país se vendan objetos "made in China", los cuales son fabricados, tal y como reveló el disidente Shizong Chen, por esclavos que trabajan 18 horas diarias? ¿Hasta cuando tenemos que permitir que los mayores asesinos de toda la historia de la humanidad, los rojos, sean tratados como paladines de la justicia y defensores de la libertad?

 Pues por desgracia, hasta que quienes somos verdaderos defensores de la Verdad alcancemos el poder y podamos librar a nuestros compatriotas del genocidio mental al que son sometios por parte de nuestro hipócrita Sistema.

 Y ya que estamos hablando de hipócritas e ignorantes, recordemos el comentario que hace una semana pronunció Juan José Ibarretxe comparando a las españolísimas Vascongadas con el Tíbet. Es normal que un sujeto que sigue la doctrina de un hombre, Sabino Arana, que aseguraba que los vascos son más puros que los pecadores "maketos" porque las mujeres de estos últimos bailan pegadas a los hombres en sus danzas regionales y las otras no; se permita el lujo de hacer tan inculta comparación.

 Tal y como se ha escrito anteriormente, Tíbet fue ocupado militarmente por China hace unas décadas. Por el contrario. las Vascongadas pertenecen a España dede que los vascones (procedentes del "Saltus Vasconum", en la actual Navarra) fueron empleados por Roma para acabar con los rebeldes cántabros que se resignaban a incorporarse en la unidad terrrtorial que se estaba forjando: la futura Hispania.

 Esto es, la misma España en nombre de la cual Sancho III se proclamo Rey durante el único momento de la historia en el cual Vasconia y Navarra ha formado una misma unidad política; y la misma nación a la cual Legazpi, Álvaro de Mendaña y Blas de Lezo sirvieron como marinos; o la misma España por cuya supervivencia se alzaron la mayoría los vascos durante las Guerras carlistas.

 Pero por desgracia, desde que nuestra Patria ha apostatado para entregarse a Satanás nuestra nación se ha transformado en un lugar donde las hordas del Príncipe de la mentira manipulan a la población, llegando su hipocresía hasta los extremos de "bendecir laicalmente" a dos de los mayores enemigos que ha tenido nuestra patria: el comunismo y el separatismo.

 

 

La hipocresía de la izquierda.

La hipocresía de la izquierda.

  Uno de los líderes más patéticos que posee la izquierda española es el comunista Gaspar Llamazares.

  Aunque, por desgracia para la civilización humana en general y la española en particular, no sea este personajillo el único que destaca por los continuos bombardeos de tonterías e hipocresía lanzados contra todo aquello considerado “facha”, esto es, no izquierdista; ha sido él el protagonista de unas sectarias declaraciones en las cuales compara el velo islámico con el de las monjas católicas.

  Hace unas semanas, el líder de IU declaró lo siguiente: "Me pregunto si Rajoy quiere quitar el velo solamente a la persona que tenga una religión islámica o también se lo va a quitar a las monjas en este país. Me pregunto si ese decreto incluye a las monjas, que llevan velo y lo llevan en algunos casos dentro de las escuelas, donde forman a los alumnos".

  Este hombre de faz eternamente amargada debería conocer las causas por las cuales unas mujeres y otras, es decir, las moras y las monjas, llevan el velo. Supongo que en la democrática Cuba de Fidel Castro, donde Llamazares estudió, no le habrán enseñado que las mujeres musulmanas deben llevar el velo por el simple y exclusivo hecho de haber nacido hembras, como símbolo de su eterna sumisión al varón.

  Por el contrario, nuestras monjas llevan este atuendo no como una imposición machista, sino como manifestación de su entrega voluntaria a Dios. Es decir, las mujeres cristianas que tanto odian los marxistas solo llevan velo si quieren hacerse monjas, mientras que las islámicas lo deben llevar obligatoriamente.

  El mismo sujeto que hace poco ha presentado un “Decálogo Laico” para relegar el catolicismo al ámbito personal, excluyéndole su dimensión social, es también el artífice de numerosas declaraciones a favor de la cesión de la Catedral de Córdoba, a los infieles seguidores de la Religión del falso profeta.

  Con sus continuas declaraciones, Llamazares demuestra continuamente cuales son sus verdaderas intenciones: Destruir la Santa Iglesia Católica, cosa que no lograron sus antecesores frentepopulistas, y que tampoco logrará él.

  Hace bastante gracia que IU disfrace su pérfido deseo revanchista ocultando su faz tras la careta de la lucha por la justicia, la defensa de los pobres, la solidaridad…

  Es muy bonita la retórica que adorna el discurso político de la izquierda, pero si de verdad fuera esto lo que busca Llamazares, defendería a la Iglesia, ya que es ella la institución que, con gran diferencia, más ayuda a los pobres.

  Aunque su soberbia les impida reconocerlo, es la Iglesia española la institución que atiende en nuestra patria a 107 colegios, 128 ambulatorios, 876 casas para minusválidos y ancianos, 937 orfanatos, a todos los leprosos de España…

  Sin embargo… ¿Cuál es el número de inmigrantes, discapacitados, pobres… que atienden Llamazares y sus secuaces? La respuesta es cero.

  Aunque a los rojos les fastidie, es la Santa Iglesia Católica y no el laicismo izquierdista, la única entidad entregada totalmente a la defensa de los pobres. No son las palabras bonitas las que acaban con la injusticia y la pobreza, sino las acciones caritativas. No es el odio revanchista el que ayuda a los humildes, sino el amor de Cristo.