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Tradición y Revolución

"La Historia de España", de Marcelino Menéndez Pelayo.

"La Historia de España", de Marcelino Menéndez Pelayo.

  El  libro "La historia de España" constituye una selección de diversos textos escritos por Marcelino Menéndez Pelayo a lo largo de su trayectoria intelectual; los cuales fueron recopilados por Jorge Vigón en los años 30 del siglo pasado y publicados en esta obra. Para ello, tomó fragmentos de diversos libros del citado autor, insertándolos en función de su temática en una serie de capítulos que recogen la particular concepción de la historia de  España que tenía este gran escritor.

  Marcelino Menéndez Pelayo nació en Santander el 3 de Noviembre de 1856. A lo largo de su vida, finalizada en la misma ciudad el 2 de Mayo de 1912, demostró una gran erudición manifestada en el cultivo de disciplinas humanísticas como la filología, la filosofía y la historia. Fue elegido miembro de la Real Academia Españonla en 1880, director de la Biblioteca nacional de España en 1898 y de la Real Academia de la Historia en 1909; desarrollando a través de su extensa actividad intelectual una historiografía caracterizada por su concepción tradicionalista de la historia, que consideraba al catolicismo como el alma vertebradora de España. Entre dichas obras  destacan “La novela entre los latinos” y “Orígenes de la novela” en  filología; “Ensayos de crítica filosófica” en filosofía; y en historia “La ciencia española” y la monumental Historia de los heterodoxos españoles”.

  A partir de algunas de estas obras y de otras más, Jorge Vigón realiza un recorrido a través de la historia de España, desde los visigodos hasta la Restauración de 1874. Para ello, agrupa las fuentes empleadas en tres capítulos: “Hacia la unidad de España”, “Cuando no se ponía el sol en las tierras de España”, y “En la pendiente de la Revolución”; además de un “Epílogo” [1]. Las 350 páginas del libro narran en estos tres apartados el nacimiento de España, atribuido a la conversión de nuestra nación al catolicismo; el desarrollo político que posibilitó la fidelidad a la Verdadera Religión y, finalmente, el inicio de la decadencia española consecuencia, según demuestra el autor, de la “Revolución anticatólica” mantenida por las diversas calases de herejes que se han enfrenado a la Ortodoxia . El resumen es el siguiente:

  Desde el siglo VII está documentada la tradición que atribuye al Apóstol Santiago la predicación en España, aunque la ausencia de documentos que lo demuestren llevaron al cardenal Baronio a negarlo en el siglo XVI, empleando esta argumentación en el transcurso de una pugna por la primacía entre Santiago de Compostela y Toledo. Sea como fuere, lo que sí está documentado es la llegada de San Pablo, no sólo porque él confiese en sus Epístolas el deseo de viajar a Hispania, sino también porque así lo atestigua su discípulo San Clemente. Además, entre los años 64 y 65 San Pedro enviaría a siete predicadores que continuarían la evangelización de la Hispania romana.

  De este modo, se sentarían las bases de la futura nación española, nacida durante el reinado visigodo. Después de que Clodoveo reduciera los dominios de este pueblo bárbaro a una facción de Iberia, debido a su condición de herejes; Leovigildo intentó unificar a Hispania bajo su cetro. Para ello no se limitó a conquistar la Gallaecia, sino que además adoptó elementos imperiales, como el título“flavio” o los atributos de la corona y el manto reales; e intentó implantar la unidad religiosa bajo el arrianismo. Sin embargo, esto no fue posible debido a que su hijo Hermenegildo, bautizado con el nombre de Juan, se alzó en armas contra su padre en defensa de la Fe católica. Aunque resultó derrotado y ejecutado por el Rey, éste se arrepintió y aconsejó a su heredero Recaredo que adoptara la Religión católica. Esto se produjo en el III Concilio de Toledo (589), posibilitándose una fusión entre los hispanorromanos y los visigodos que daría lugar a una época dorada y de gran esplendor: San Isidoro desarrolló una importante actividad intelectual, se fundaron numerosos monasterios, y se estableció una cultura que influiría más tarde en toda la Cristiandad, a través de personajes como Teodulfo o el obispo Galindo.

  Pero todo esto sería destruido tras la invasión musulmana de 711, iniciándose una etapa de “claroscuro” que comenzaría a desvanecerse en el siglo XIII. En este momento, calificado por Menéndez Pelayo como uno de los más gloriosos de la historia de España, se produjeron acontecimientos tan importantes como la trascendental victoria de las Navas de Tolosa (1212), las conquistas de Córdoba, Sevilla, Mallorca y Valencia; las predicaciones antialbigenses de Sto. Domingo de Guzmán; o el desarrollo de las lenguas vernáculas: el castellano, con Gonzalo de Berceo y Alfonso el Sabio, y el catalán con Raimundo Llulio.

  Esta eclosión de cultura y poder permitirían el florecimiento de la nación española, que llegó a desarrollar un Imperio cuyo cenit se encontró en el reinado de Felipe II (1556-1598). A pesar de las grandes calumnias y difamaciones vertidas por sus enemigos, entre los cuales el autor destaca a Gregorio Leti, y de las acusaciones de oscurantismo e incultura; lo cierto es que, según escribe Menéndez Pelayo, bajo el mandato del “Rey Prudente” se producirían grandes aportes a  España y la Cristiandad. Por ejemplo, Esquivel trazó el primer mapa geodésico de España, se erigió el Monasterio de El Escorial, y se creó la Academia de matemáticas de Madrid. Además, el autor demuestra la falsedad de la idea según la cual la Inquisición sumió a España en el atraso, pues, además de los hechos mencionados anteriormente, durante los siglos XVI y XVII se produjeron avances científicos tan grandes como el desarrollo de las cartas esféricas por Sta. Cruz, descubrimientos botánicos protagonizados por Acosta, la formulación de la teoría del polo magnético por M. Cortés y el desarrollo de un nuevo planisferio por J. Rojas. Por último, el autor destaca otro gran acontecimiento ocurrido en esta época: el Concilio de Trento (1545-1563), que se caracterizó por ser “tan ecuménico como español”, y que fue fundamental para frenar la expansión de la herejía protestante por Europa, religión cuya destrucción asumió España.

  Pero con el advenimiento de la Casa de Borbón en el siglo XVIII se inició, según Menéndez Pelayo, la decadencia de España; pues con la nueva dinastía se extendieron nuevas ideas heterodoxas que derrumbarían el Imperio, ya que, en función de la concepción histórica  del autor, “Nunca se ataca el edificio religioso sin que tiemble y se cuartee el edificio social”. Concretamente, fueron los ingleses quienes precipitaron dicha penetración ideológica al invadir España durante la Guerra de Sucesión (1700-1713); puesto que no sólo se limitaron a perseguir al clero, sino que además, una vez adquiridas Menorca y Gibraltar, en el primer lugar pretendieron, sin conseguirlo, imponer el anglicanismo; y desde el segundo difundirían ideologías heterodoxas y permitirían el escondite de enemigos de España. Una de estas ideologías fue la masonería, que estaba en el Peñón en 1726 y un año después en Madrid.

  Sin embargo, aún habiendo España adquirido un rango de segunda potencia, durante los siglos XVIII y XIX se produjeron importantes descubrimientos que, una vez más, derrumban los tópicos de un supuesto oscurantismo intelectual español: Jorge Juan, Ulloa y Ciscar aplicaron las matemáticas a la náutica; Rojas fue un gran botánico;  y Elhuyar descubrió el tungsteno. El problema fue el de que, al contrario que en Inglaterra con la “Royal Society”, no se crearon entidades que permitieran colaborar a los diversos científicos entre sí y potenciar su trabajo.

  El siguiente paso en el camino por la destrucción de España fue el de la Guerra de la Independencia (1808-1814), en el transcurso de la cual se celebraron las Cortes de Cádiz en 1812. En ellas el pueblo español, cansado del absolutismo de Godoy y Bayona, asumió algunas de las ideas del siglo XVIII; aunque logrando Iguanzo, el caudillo del Partido Católico, mantener el reconocimiento oficial de la Religión católica. Pero esto no evitó que se produjeran excesos contra el clero, lo cual llevó al pueblo llano a apoyar la restauración del absolutismo bajo Fernando VII. Por ello, los liberales se pasaron en masa a la masonería, culminando sus conspiraciones con la sublevación de Riego en 1820, que produjo la pérdida de América. Una vez derrocado el liberalismo tres años después, Fernando VII abandonaría su tradicionalismo en favor del despotismo ilustrado, de modo que se inició una oposición interna manifestada en la “Guerra dels malcontents” de 1827. No obstante, a pesar de que se produjera lo que Menéndez Pelayo califica como una traición del Rey, durante su mandato se produjeron avances como el Código de comercio, la Escuela de farmacia y la construcción del Museo del Prado.

  Una vez fallecido Fernando VII, el liberalismo alcanzó el poder y las luchas entre las diversas facciones existentes en el seno del mismo sumieron a toda España en una etapa convulsa y revuelta, donde además existió una permanente guerra civil alentada por los carlistas, custodios de la verdadera esencia de la españolidad. Entre estas facciones surgió una que “dejó de creer en la soberanía del número para creer en la de la razón”, y cuya consecuencia fue el nacimiento del Partido Conservador. Éste sería un núcleo desde el cual diversos intelectuales frenarían el avance de la Revolución a partir de la “Ortodoxia”; entre los cuales destacaron Donoso Cortés [2] y Balmes como los principales, y Aparicio y Nocedal como otros secundarios pero también importantes. Además, surgieron  revistas y diarios como “La Esperanza” y “El católico” que contribuyeron a esta lucha.

  Pero la calificada como “resistencia ortodoxa” no impidió el arraigamiento de la Revolución, culminada cuando, aún habiéndose recogido 3,5 millones de firmas en contra, el 5 de Junio de 1860 las Cortes Constituyentes abolieron la Unidad Católica de España y permitieron que se produjeran acontecimientos tan nefastos como la expulsión de los jesuitas por la Junta Provisional de Barcelona en 1868, o la prohibición de la enseñanza religiosa y el cierre de las facultades de teología por Zorrilla, el nuevo Ministro de fomento.

  Finalmente, en su epílogo, el autor apela a la restauración de la Unidad Católica como único medio para revitalizar a la decadente España, pues, según afirma, “Ni por la naturaleza del suelo, ni por la raza, ni por el carácter parecíamos destinados a formar una gran nación”; ya que fue sólo la Religión el elemento integrador de todos estos caracteres y el que permitió que juntos formaran e hicieran grande a la nación española.

  Por lo que respecta a la bibliografía empleada para confeccionar el libro, ésta se caracteriza por estar compuesta única y exclusivamente por obras de Menéndez Pelayo, ya que el libro es una recopilación de fragmentos  escritos por él. Jorge Vigón toma distintos libros y discursos del citado autor, seleccionando los fragmentos que considera más representativos a la hora de juntarlos en un libro que pretende ofrecer una síntesis de la historiografía del escritor santanderino. Entre estas fuentes, destaca la monumental “Historia de los heterodoxos españoles” [3], un libro que, publicado en Madrid, fue escrito entre 1880 y 1882  y confeccionado a raíz de la influencia que en su autor ejerció su gran amigo y mentor Gurmersindo Laverde. En este libro, Marcelino Menéndez Pelayo traza una historia nacional basándose en las diversas “herejías” que han existido en España, demostrando, a lo largo de las 4000 páginas que componen sus tres tomos, que la esencia histórica de España se haya en el mantenimiento de su fidelidad a la Ortodoxia religiosa. Para ello emplea una grandísima cantidad de fuentes primarias, como por ejemplo las obras de Erasmo de Rótterdam o de Sepúlveda a la hora de abordar el tema del protestantismo en la Península; así como un gran número de documentos secundarios como diversos artículos del doctor Boehmer o de Tomás Tapia.

  Aunque la “Historia de los heterodoxos españoles” constituye el principal referente historiográfico empleado por Vigón, no éste es el único que cita en el libro. También se destacan otras composiciones cuya temática es más concreta y de donde el recopilador selecciona fragmentos relacionados con capítulos cuyo contenido se relaciona directamente con las tesis que defienden dichas obras. Por ejemplo, “La ciencia española” (1876) es un libro donde el autor reivindica la existencia de una tradición científica española; y que es empleado por Vigón para completar los capítulos de “La historia de España” donde se aborda esta temática, principalmente cuando desmonta el mito según el cual en la España Moderna no existió ningún tipo de actividad científica. Otro de estos libros es “Estudios de crítica literaria” (1884), empleado en capítulos como el que se refiere a la Edad de Oro de los siglos XVI y XVII, o aquel otro que analiza la historiografía desarrollada para estudiar la figura histórica de Cristóbal Colón. Para abordar este último tema, el del Descubridor de América,  el literato santanderino cita una gran cantidad de fuentes que permiten determinar la gran calidad histórica de su libro, como por ejemplo las obras de Humboldt y Cesáreo Fernández Duro, o a autores críticos con el marino genovés como Draper; lo cual demuestra el afán de Menéndez Pelayo por lograr un estudio objetivo. Otras fuentes son: “Historia de la poesía castellana en la Edad Media”(1911), empleado por ejemplo al analizarse la figura del rey humanista Alfonso V de Aragón o de los Reyes Católicos; “Ensayos de crítica filosófica”, aplicado en el capítulo referido a Ramón Lull; varios discursos como el leído en la Fiesta literaria del 26 de Junio de 1911, que alude al advenimiento de la Casa de Borbón; y, finalmente, adiciones o prólogos escritos por el autor santanderino para obras de otros autores, un ejemplo de lo cual son las adiciones a la obra de Otto von Leixner “Nuestros siglo”, referente al siglo XIX.

  Por tanto, podría achacársele al libro de Jorge Vigón el hecho de ser subjetivo por emplear únicamente fuentes de un sólo autor, restando así la objetividad histórica que supondría el contraste de obras de autores que sostengan cosmovisiones distintas de un mismo tema. Sin embargo, el hecho de que el objetivo del recopilador sea el de ofrecer una síntesis de la reflexión histórica de Menéndez Pelayo justifica esta actitud, que no  pretende elaborar un manual de historia. Por otro lado, si se acude directamente a las fuentes citadas, el lector descubrirá que el escritor santanderino se caracteriza por emplear una grandísima cantidad de citas que sí contrastan fuentes directas e indirectas que sostienen concepciones distintas de los hechos abordados.

  Concluyendo con el análisis de las fuentes empleadas en “La Historia de España”, es necesario hacer referencia a que muchas de ellas pueden estar hoy en día superadas, pues todas son anteriores al primer tercio del siglo pasado y pueden haber sido revisadas por estudios posteriores. No obstante, esto no elimina el hecho de que la gran calidad de las mismas, así como la característica de que muchas de ellas sean primarias, permitan asegurar que todavía en la actualidad Menéndez Pelayo sea un historiador muy a tener en cuenta por haber aportado una gran cantidad de reflexiones y datos bien documentados a la historiografía española. Además, la singularidad de que el autor sea considerado el “abuelo” del pensamiento conservador español realza esta importancia, pues el análisis de su obra permite estudiar tanto la filosofía como la  actitud política y concepción de la historia del conservadurismo y del tradicionalismo español.

  Para finalizar esta recensión, también comentaremos algunas cuestiones de forma del libro. En primer lugar, es de resaltar la gran aptitud para la escritura que manifiesta el literato santanderino, quien, a lo largo de sus escritos, no sólo demuestra la grandísima erudición que le transformó en 1905 en uno de los candidatos al Premio Nobel; sino que además hace presente su gran capacidad para la literatura, manifestada en el empleo de muchas figuras poéticas y retóricas de gran belleza a lo largo de sus libros. 

  También es destacable, dentro de este breve análisis de la forma del libro, la idoneidad del título. Es decir, quien acuda a “La Historia de España” para conocer el devenir histórico de dicho país no será defraudado, pues es precisamente esto lo que se narra a lo largo del libro. Eso sí, tal y como hemos escrito anteriormente, no se hace como un manual de historia, sino como la reflexión personal de un autor, de modo que a veces impera la subjetividad. La única “pega” que se puede poner a este aspecto consiste en que no todos los temas se abordan con la misma amplitud, pues, aunque la Edad Media y, tal vez en menor medida, la Edad Moderna, están muy bien descritas; la Edad Contemporánea, que por razones obvias se reduce al siglo XIX, no está explicada tan profundamente. Podemos ver esto en el tema de la I República, reducido a una breve valoración de sus cuatro presidentes, por lo cual tal vez el lector puede decepcionarse al suponer que este momento histórico, por el hecho de ser contemporáneo al autor, debería estar incluido con mayor profundidad.

   Por último, también se echan de menos instrumentos auxiliares como mapas y esquemas, aunque también esta rémora puede justificarse por tratarse de un libro escrito en una época dónde no era tan habitual su empleo y también por el motivo de que el público al que se dirigen las fuentes empleadas no es la totalidad de la población, sino un sector iniciado. Sin embargo, el hecho de que el libro creado por Jorge Vigón pretenda resumir estas fuentes para adaptarlas a un público amplio y profano, permiten asegurar que “La Historia de España” constituye un libro muy adecuado para todo aquel que desee conocer de una forma fiel y sintética la interpretación de la historia que adoptó el grandísimo intelectual que fue Marcelino Menéndez Pelayo.

 

 Notas:

    [1] Este genial Epílogo se encuentra íntegro en el siguiente enlace: http://tradicionyrevolucion.blogia.com/2008/052201-sintesis-de-la-vision-de-espana-de-marcelino-menendez-pelayo..php

    [2]   Un breve resumen de  una de la obra más representativa de Donoso Cortés, su célebre “Ensayo sobre el catolicismo, el liberalismo y el socialismo”, también fue publicado en este blog: http://tradicionyrevolucion.blogia.com/2008/092401--ensayo-sobre-el-catolicismo-el-liberalismo-y-el-socialismo-de-juan-donoso-corte.php

    [3]     La monumental obra de Marcelino Menéndez Pelayo se encuentra digitalizada:   http://www.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/01361608688915504422802/index.htm

 

 

 

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