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Tradición y Revolución

El Yihad.

El Yihad.

 

  La palabra “Yihad”se refiere a un concepto cuya interpretación ha sido muy discutida a lo largo de la historia, ya que mientras que para algunos estudiosos del Corán este nombre se refiere al concepto “esfuerzo”, para otros el significado es el de “guerra”.

  La discusión acerca de esta cuestión encuentra su raíz en la propia estructura del libro sagrado de los musulmanes, caracterizado por carecer tanto de vocales como de signos diacríticos; provocando de este modo que el significante cuyo significado estamos analizando presente el siguiente aspecto: YHD.

  Además, es importante tener en cuenta la propia organización del Corán. Se trata de un libro compuesto por 140 suras o capítulos, dispuestos siguiendo unos criterios no de carácter temático o tan siquiera cronológico, sino de extensión: las suras más largas se ubican al principio y las más cortas al final. En consecuencia, los distintos versos que nombran la palabra yihad no forman un mismo bloque, sino que se encuentran distribuidos a lo largo de todo el libro de manera aislado, lo cual puede producir ambigüedades en su estudio.

  Finalmente, ha de tenerse en cuenta la dicotomía existente en el seno del mismo concepto de “Yihad”. Esto es, el Muyadid (el sujeto que asume el concepto de yihad, pudiendo traducirse como “el guerrero” o “el que se esfuerza”) distingue entre “el Yihad”, o “Yihad Mayor”; y “la Yihad” o “Yihad Menor”. Mientras que el primer concepto se refiere a una acción proyectada sobre el propio individuo, el segundo se refiere a la acción desarrollada sobre otra persona. Sobre este aspecto es importante tener en cuenta la frase pronunciada por Mahoma al retornar de una lucha contra los denominados por él infieles: “hemos vuelto de la yihad menor para librar la yihad mayor”.

  Aunque a algunas personas pueda parecerles que este tema es irrelevante o anecdótico, se trata de una cuestión de vital importancia, pues ha de tenerse en cuenta la confluencia entre dos importantes vectores. Por un lado, el profeta Mahoma transmitió a la comunidad religiosa que acababa de crear, la obligación de difundir el Islam y, por otro, el libro sagrado islámico afirma la siguiente sentencia: “No hemos descuidado nada en la escritura”. Por lo tanto, es importante conocer qué es aquello ordenado por el falso profeta: matar al infiel o “esforzarse” por su conversión.

  Quienes han defendido la segunda interpretación, argumentan su postura diciendo que Mahoma permitió a las “gentes del libro” (judíos y cristianos) mantener sus respectivas religiones en aquellos lugares sometidos, como en el caso de los mozárabes españoles. Sin embargo, esto es atribuido por muchos historiadores a la necesidad de financiar el imperialismo árabe, ya que quienes no se convertían al Islam debían aportar diversos impuestos a las autoridades moras.

  Otro importante argumento en contra del supuesto pacifismo del Islam se encuentra en la propia esencia del método empleado, desde sus inicios, para extenderse: la guerra.

  Ya en el año 624 Mahoma condujo personalmente a un grupo de bandidos al asalto de una caravana que se dirigía hacia La Meca y, en ese mismo año, concretamente el día 15 de Marzo, derrotó a los judíos de Medina en la batalla de Badr, conquistando de esta manera la citada ciudad y formando en su seno un estado teocrático. Desde este lugar se iniciarían una serie de campañas que ampliarían los dominios musulmanes de manera considerable, llegando hasta Francia en el año 732.

  También es importante tener en cuenta que la primera “Fitna” o división entre los moros, en este caso suníes y chiítas, se produjo a raíz de la victoria de los primeros sobre los segundos en la batalla de Siffin en el 661. Además, la facción vencedora fue aquella que consideraba que el sucesor del falso profeta había de ser no un familiar de Mahoma, sino un califa eficiente, es decir, un jefe político. Esto es importante para comprender el carácter violento de la predicación islámica, pues, según su cosmovisión, no es un clero misionero el encargado de extender la religión islámica, sino que es la autoridad política la que, por medio del sometimiento (palabra que por cierto es el significado de “Islam”) asume la misión de llevar a cabo esta acción.

  Es decir, la larga trayectoria del Islam se encuentra plagada de ejemplos que demuestran que la acción guerrera ha constituido históricamente el medio que esta religión ha empleado para “predicar” su doctrina. Por lo tanto, esto demuestra que la interpretación de Yihad como “guerra” ha tenido más peso entre los seguidores de esta secta religiosa que la interpretación de este concepto como simple “esfuerzo”.

  Sin embargo, el concepto islámico de “guerra” ha sufrido una importante transformación en el último siglo, ya que ciertos sectores del Islam han dejado de considerar a la actividad bélica “Fard quifayah”. Este concepto se refiere a aquellos deberes que los musulmanes poseen de forma colectiva, como ha sido siempre considerada la guerra por parte de la Sunna o tradición; y se opone al de “Fard ayn” o deber individual (por ejemplo, la oración diaria o la peregrinación a La Meca).

  Esto es, el importante cambio al que nos acabamos de referir se encuentra en el cambio de paradigma que ha llevado a muchos musulmanes a considerar a la guerra como un deber individual, lo cual se ha traducido en el surgimiento de una mentalidad terrorista en el seno de los yihadíes.

  Por lo tanto, sus acciones son llevadas a cabo de manera autónoma y no colectiva, de modo que, al no existir ejércitos de millares de soldados moros, es muy difícil la lucha contra estos personajes.

  Pero además de todo lo mencionado anteriormente, la nueva cosmovisión de la Yihad cuenta en su base un importante razonamiento intelectual y teológico que lo justifica, al cual nos referiremos a continuación.

  Podemos considerar que el padre intelectual del terrorismo islámico fue el egipcio Sayid Qutb, un personaje nacido en 1906 y que gozó de una sólida formación académica en Estados Unidos, desarrollando una extensa obra literaria que incluye una interpretación del Corán de 30 volúmenes y el famoso libro “Signos del camino”.

  En estas creaciones literarias plasma una doctrina que mantiene las clásicas interpretaciones de los conceptos de “Sharia” como “Ley” y de “Yihad” como “Guerra”; pero introduce una nueva concepción del término“Jahiliyah”. Esta palabra se refería tradicionalmente al término de “ignorancia”, en el que supuestamente se encontraban los hombres antes de la revelación de Mahoma, pero Qutb amplió el significado de “Jahiliyah” haciendo referencia con él al concepto de “apóstata”que aplicó a los Estados musulmanes

  El argumento que aportó este ideólogo musulmán para condenar a los gobiernos musulmanes fue el de que, según él, se encontraban en una situación antirreligiosa, ya que consideraba que la Sharia, por el hecho de haber sido revelada por Alá, debía de ser la única ley válida, considerando de este modo a cualquier legislación humana como anti-coránica. Es decir, Qutb aseguraba que los hombres no pueden legislar porque Dios es el único con derecho a hacerlo.

  En consecuencia, este personaje proponía un salacismo, esto es, una vuelta a los orígenes “puros” del Islam, que liberara al hombre de la opresión apóstata. Para ello, consideraba imprescindible la destrucción del Estado islámico (razón por la cual se le ha tachado de anarquista), por lo cual fue ejecutado por el gobierno de Nasser en 1966.

  Esta doctrina terrorista fue desarrollada por otro importante “intelectual” yihadista: Salam Faraj. Su teoría, plasmada en el libro “El deber olvidado”, distingue entre dos tipos de enemigos, los “cercanos” y los “lejanos”. Los segundos somos los cristianos y también los judíos y ateos, mientras que los primeros son los musulmanes apóstatas. Puesto que el castigo por renegar de la Fe musulmana es la pena de muerte, Faraj asegura que es necesario destruir al Sistema político. Además, puesto que, tal y como hemos indicado antes, la Guerra es considerada por estas personas como un deber individual, la decisión de ser muyadid es personal. En consecuencia, Salam dice que una persona jóven puede hacerse terrorista sin necesidad de comunicárselo a sus padres y conocidos, lo cual es una referencia ampliamente empleada por los terroristas yihadies.

  Otro importante ideólogo del terrorismo islámico es Ayman Al Zawahiri, un personaje considerado como el mayor intelectual del grupo terrorista Al-Qaeda. En su libro “Caballeros bajo el Estandarte del Profeta” asegura que los terroristas han entendido mal el concepto de Yihad, pues su proyección se realiza sobre naciones no islámicas como Israel, Rusia y Estados Unidos. Según él, debe conquistarse primero el poder en las naciones apóstatas islámicas, para formar un Estado islámico desde el cual iniciar la postrera conquista del mundo.

  Como conclusión de este breve comentario podemos asegurar que el terrorismo islámico es una nueva modalidad de guerra que cuenta con una justificación práctica y también teórica. Es decir, se trata de una acción bélica eficiente, pues es muy difícil la lucha contra ella y parece causar mucho daño a Occidente. Pero también es una realidad que, tal y como hemos desarrollado anteriormente, proviene de una larga tradición de violencia y lucha que encuentra sus inicios en el nacimiento de la secta islámica, esto es, su justificación se ubica en la propia esencia del Islam.

  Por ello, aunque parezca imposible, el terrorismo islámico goza de una importante simpatía por parte de los musulmanes: solamente en España es apoyada por el 16% de los moros (recordemos con respecto a esto las recientes declaraciones del ex ministro jordano Ali Al-Faqir llamando a la conquista de Ál-Andalus), aunque este porcentaje es bajo comparado con el de Nigeria, donde es de un 44%.

  Esto puede hacernos comprender la razón por la que el asesino Bin Ladem es considerado por muchos jóvenes musulmanes como un “Che a la mora”. Se debe a que, al igual que el citado comunista, se trata de un genocida que lucha contra el Sistema capitalista, pero dándole a esto una dimensión religiosa, lo cual provoca que se le considere un líder religioso y que quienes le siguen sean admirados como mártires.

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1 comentario

Anónimo -

He borrado sin querer el comentario de zumalacarregui. Lo siento
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