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Tradición y Revolución

Defensa ante los sucesos del monte Gorbea.

Defensa ante los sucesos del monte Gorbea.

    En uno de mis últimos artículos denunciaba la falacia que a mi juicio implicaba la confianza que algunos habían depositado  en Patxi López;  el nuevo presidente de las Vascongadas. Aunque se había presentado al citado político como una esperanza que implicaría el retorno del patriotismo a la norteña región; pocos meses después del cambio de gobierno los hechos demuestran que la situación de Vasconia es, como nos temíamos, la misma de siempre. Hoy, como ayer, la defensa de España es anatematizada por los idólatras del inexistente país de “Euskadi”; sin que ello implique la más mínima reacción por parte de los integrantes del pacto PSE-PP.

     Esta vez lo que ha despertado el odio separatista ha sido la “provocación” de un grupo de militares que tuvieron la osadía de enarbolar y alzar la bandera rojigualda en la cima del monte Gorbea; un acto que la incultura de la que siempre hacen gala los nietos de Sabino Arana atribuye al supuesto imperialismo español. Esto es, la tesis de la “nación” sometida por el Estado central vuelve a demostrarnos, como siempre, la valentía de la mentira; pues es muy fácil atribuir la decadencia de una región a factores en teoría exógenos; pero no así el demostrarlo históricamente. Tal y como sabe todo el mundo, si exceptuamos a las victimas de las ikastolas o, en su defecto, de la LOGSE; las provincias vascas no fueron conquistadas en ningún momento de su historia por España; sino que, por el contrario, fue precisamente Sancho el Mayor quien unificó bajo su cetro las distintas entidades que durante el siglo X componían los restos de la antigua Hispania. Es decir, un monarca de etnia vasca logra autoproclamarse “Rex Hispaniae” y a su muerte eleva a la categoría de reino a Castilla, la entidad política que protagonizaría más tarde la reunificación de todas las Españas. Nada que ver con la ancestral lucha independentista que tanto reivindican los abertzales y peneuvistas.

    Sin embargo, la actitud del PNV ante un acto como el protagonizado por los militares que acudieron al Gorbea no es lo extraño; pues su reacción es coherente con una mentalidad que, por muy equivocada que sea, es la que conocemos. Nada distinto podría esperarse de los independentistas. Sin embargo, sí que es asombrosa la contestación que la ministra de Defensa, Carmen Chacón, ha dado a este episodio. Si es cierta la información vertida por periódicos como “EL Mundo”, “Libertad Digital” o “Diario Ya”; la mujer encargada de gestionar las Fuerzas Armadas nacionales no sólo no habría defendido a quienes cumplían con su deber; sino que además les habría impuesto una importante sanción económica y salarial.

    Tal vez esto pueda explicarse teniendo en cuenta que Chacón proviene del PSC, una de las versiones del socialismo “español” donde más influyente es el nacionalismo; y una de las organizaciones políticas que menos reparo tiene en aliarse con los separatistas más radicales y asumir sus tesis anti-españolas. Si la guardería política de la ministra de Defensa abre embajadas por todo el mundo, pretende dialogar “bilateralmente” con el despectivamente denominado “Estado central”, excluye el idioma de Cervantes de la educación pública y, lo que tiene más relación con el tema que nos ocupa, sustituye siempre que puede la Bandera nacional por la Senyera; entonces entendemos la solidaridad que ha tenido esta mujer con el PNV.

    Hace algún tiempo, Bibiana Aído confesaba anhelar la llegada del día en el que se juzgaría a las personas por sus méritos y no por su aspecto; pero difícilmente podrá alguna vez darse este necesario cambio social teniendo en cuenta que Zapatero, la misma persona a la que debe su puesto, prefiere ceder ministerios a políticos con un “aspecto” antiderechista y progre que a personas cultas y preparadas. Si el único criterio elegido para elevar desde el ministerio de Vivienda a Carmen Chacón fue el de su condición de mujer embarazada y de izquierdas; es normal que al Presidente no le preocupe la sensibilidad separatista (que no catalanista) de la actual ministra de Defensa. Y por ello es lógico que permanezca impasible ante la  más que probable relación existente entre el descenso salarial experimentado por los militares  a los que se refiere este artículo y la condena efectuada por el PNV después de su estancia en el monte Gorbea.

 

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