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Tradición y Revolución

Al Partido Popular se le vuelve a caer la careta.

Al Partido Popular se le vuelve a caer la careta.

 

 La mal llamada “Democracia” ha demostrado una vez más ser un auténtico baile de disfraces. Es decir, el objetivo que tienen nuestros políticos es el de presentar ante los electores no el aspecto que tienen en realidad, sino aquel que consideran que podrá arrancar a los mismos el mayor número de votos posibles y, en consecuencia, la victoria.

  Si el Partido de Zapatero, siendo capitalista y estando formado por ricos, se enmascara tras unas siglas que hipócritamente lo denominan “socialista” y “obrero”; el Partido Popular lo hace detrás de otras que pretenden, y logran, hacer pensar a los españoles que sus componentes son patriotas e, incluso, tradicionales o católicos.

  El partido que lidera Mariano Rajoy, cambió hace bastante tiempo la etiqueta de partido de “derechas” por la de partido de “centro”, cuando su cobardía les llevó a preferir unirse a sus enemigos que enfrentarse a ellos. Es decir, la izquierda española, monopolizadora de casi todos los medios de comunicación, ha logrado introducir entre la sociedad una conciencia que juzga a todo aquello denominado “derechista” como malo, ante lo cual los peperos han reaccionado cambiándose de disfraz, para presentarse más guapos ante los electores y obtener de este modo más votos que les aseguren la presidencia del Gobierno o, lo que sería mucho más acertado, el título de “Miss-Democracia”.

  También es conocido que el PP emplea el vestido patriota cuando esto le puede hacer obtener votos. No lo hacen en las Vascongadas, donde prefieren emplear la bandera inventada por Sabino Arana, la Ikurriña, que la Enseña nacional; ni tampoco en Andalucía, donde aceptan los islámicos símbolos verdi-blancos ideados por otro infame separatista, Blas Infante. Pero sí que se disfrazaron de rojo y gualda en Cataluña, cuando quisieron sacar provecho del rechazo hacia un Estatuto que es exactamente igual de separatista y de antiespañol que aquel otro que sí aceptaron en Andalucía.

  Y por lo que respecta a los numerosos momentos en los que al PP se le cae la careta de católico o tradicional, hace unos pocos hemos presenciado uno. Esta vez la persona que ha considerado más eficiente el presentarse como una mujer “progre” ante los electores, ha sido la presidenta que gobierna la Comunidad Autónoma que posee el mayor número de abortos de España: Esperanza Aguirre.

  Esta mujer eliminó hace poco tiempo los 700000 euros destinados a subvencionar la “Red Madre”, entidad pro-vida que ayudó el año pasado a 15000 mujeres con embarazos dificultosos. Y no es que Aguirre haya decidido quitarse la ropa conservadora, sino que además se ha enfundado en un traje totalmente “progre”, ya que ha decidido ofrecer asesoramiento integral y gratuito a sodomitas y travestis. Esto es, el dinero que aportan nuestros impuestos a las arcas comunitarias continuará financiando una política destructora de la familia, una acción que fue iniciada por otro pepero, Alberto Ruiz Gallardón, un personaje que reparte preservativos y píldoras abortivas a adolescentes, y que financia talleres de pornografía.

  Además, mientras estoy escribiendo este artículo me acabo de enterar de un nuevo paso dado por el PP en esta operación de cirugía estética que pretende presentarle como una mafia (o Partido, que en el fondo son lo mismo) de imagen totalmente renovada y adecuada a los “nuevos tiempos”: la persona elegida por Rajoy (que no por el Partido) para ocupar la Secretaría General, María Dolores de Cospedal, es una mujer divorciada y que tiene a un hijo fecundado in vitro. Es decir, otra persona más que rechaza la familia tradicional o, mejor dicho, la “familia” a secas, pues no hay más familia que la constituida por un hombre u una mujer con voluntad de unidad eterna y de apertura natural a la vida.

  Pero lo más patético de todo esto es que, igual que quienes se consideran socialistas o anticapitalistas continúan votando al PSOE, aquellos que defienden valores como puede ser el de la integridad familiar continuarán apoyando al PP. Y esto es consecuencia de la anticristiana ideología que sustenta nuestro Sistema político: el liberalismo.

  Tal y como dijo Blas Piñar en un discurso pronunciado el 18 de Julio de 1996, si el marxismo es confesionalmente ateo, el liberalismo es confesionalmente agnóstico. Por lo tanto, para los demócratas no existe la verdad, pues definen al hombre la medida de todas las cosas y, por tanto, se consideran con capacidad para, reduciendo la Religión a un ámbito exclusivamente personal, realizar cualquier acción fundamentándose únicamente en la “voluntad popular”: desde asesinar a personas, como las 100000 que son abortadas al año, o como al mismo Jesucristo; hasta destruir la Patria y pisotear la Religión.

  Por ello es normal que para los criminales que nos gobiernan la lucha por el poder político sea exactamente igual que la competición por la victoria en un baile: lo único que cuenta para elegir al más guapo o al que lleva el disfraz más original, es que uno de los candidatos obtenga más votos que el otro. Y para ello, lo único necesario es que el traje o el disfraz elegido por los mismos sea aparentemente más original o bonito y pueda arrancar más votos entre los asistentes a la fiesta.

  Lo que hace falta a España no son políticos que se cambien de chaqueta cuando les conviene, sino personas que asuman la necesidad de crear un estado confesionalmente católico, que acepte a Dios como el fundamento último de todas sus leyes. Esto es, los pañuelos palestinos y las camisetas con el careto del Che deben ser sustituidos por camisas azules y boinas rojas.

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