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Tradición y Revolución

Sobre la mal llamada "eutanasia".

Sobre la mal llamada "eutanasia".

 Una vez más, me veo obligado a comenzar un artículo haciendo referencia a la cualidad que más caracteriza a los socialistas. Me estoy refiriendo, cómo no, a la hipocresía.

  El último motivo que los personajes que nos gobiernan han dado para ser, una vez más y como siempre, merecedores de este calificativo, se encuentra en las declaraciones pronunciadas recientemente por la Consejera de Salud de uno de los feudos de ZP: la españolísma tierra andaluza.

  Según declaró hace pocos días María Jesús Montero, una de las supuestas “grandes líneas de acción” que desempeñará la Junta andaluza en los próximos cuatro años, será la de tratar “de evitar el sufrimiento de las personas en el tramo final de su vida". Es decir, bajo la máscara de este patético eufemismo se encuentra una clara apelación del crimen denominado “eutanasia”.

  ¿Y por qué la defensa de este crimen demuestra que los socialistas son personajes que aseguran realizar una determinada acción, pero que en la praxis ejecutan la contraria? Pues porque, tal y como estamos todos hartos de escuchar, estar personas no paran de decirnos que su objetivo es defender a los pobres, a los necesitados, a los obreros, a los humildes… Pero continuamente estamos constatando cómo sus únicas acciones están dirigidas a destruir al ser humano, empleando para ello todos los medios que pueden, desde la “Educación para la ciudadanía” hasta la “eutanasia”.

  Ya dijo José Antonio en el discurso pronunciado el 29 de Octubre de 1933 que “el socialismo, que fue una reacción legítima contra aquella esclavitud liberal, vino a descarriarse”. Es decir, si ante el liberalismo y el capitalismo surgió una reacción en favor de los pobres, rápidamente esta reacción se transformó en lo que hoy estamos viendo: un nido de mentirosos y de revanchistas cuyo único objetivo es el de despojar a los hombres de su dignidad, estrujando “bien sus almas para que no quede dentro de ellas la menor gota de espiritualidad”. Esto es, si los socialistas pretendieron terminar con la explotación capitalista, cuya principal base es el egoísmo y el materialismo consumista, lo único que han demostrado haber hecho es llevar esta situación hasta su punto máximo. Con el materialismo histórico que han aplicado estas personas, se ha complementado la cosmovisión y la perspectiva anti-espiritual del capitalismo liberal, de manera que al ser humano se le ha introducido una ideología que, rechazando todo lo relacionado con la virtud y el bien, no busca sino satisfacer sus instintos y entronizar al placer como su único rey.

  Y no es que el placer sea malo, sino que los ateos, quitándole la dimensión sobrenatural que le da sentido, lo transforman en un instrumento de Satanás. Tal y como dice el diablo Escrutopo en el libro de C.S Lewis “Cartas del Diablo a su sobrino”; “Él (Dios) creó los placeres; todas nuestras investigaciones hasta ahora no nos han permitido producir ninguno. Todo lo que podemos hacer es incitar a los humanos a gozar de los placeres que nuestro Enemigo ha inventado, en momentos, o en formas, o en grados que Él ha prohibido”. Esto es, si se considera al placer un fin en sí mismo al que hay que buscar antes que a cualquier otra cosa, y si se pretende pasar por este mundo sin dolor, entonces la vida humana no tienes sentido; ya que una vida sin dolor no es una vida humana.

  Dice Juan Pablo II en su Carta Apostólica “Salvificis dolores” que “Este es el sentido del sufrimiento, verdaderamente sobrenatural y a la vez humano. Es sobrenatural porque se arraiga en el ministerio divino de la redención del mundo, y es también profundamente humano porque en él el hombre se encuentra a sí mismo, su propia humanidad, su propia dignidad y su propia misión”.

  Rechazar la realidad que suponen el dolor y el sufrimiento es una cobardía. Por mucho que lo llamen “eutanasia”, el suicidio no es una “muerte buena” que dignifique al hombre, sino que es una actitud que humilla a quien la realiza. Lo que es digno y valiente es asumir el dolor, ser conscientes de que la felicidad, por venir de Dios, no depende de los instantes en los que no suframos, sino que es una realidad de naturaleza eterna, que podemos alcanzar siempre que gocemos de un estado de Gracia.

  Antiguamente, cuando la mayoría de los seres humanos todavía no habían sucumbido al individualismo materialista, se consideraba lógica aquella sentencia del juramento hipocrático que reza Llevaré adelante ese régimen (se refiere al oficio de médico), el cual de acuerdo con mi poder y discernimiento será en beneficio de los enfermos y les apartará del perjuicio y el terror. A nadie daré una droga mortal aún cuando me sea solicitada, ni daré consejo con este fin”. Sin embargo, ahora que estamos padeciendo un sistema que posee como divisa el “maximizar beneficios”, esto es, una dictadura capitalista, nuestros políticos consideran mucho más importante el ahorrar dinero a la Seguridad Social que garantizar un cuidado integro y digno para los enfermos.

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